El pasado miércoles 18 de marzo de 2026, la región de la Mixteca perdió a uno de sus referentes culturales más queridos con el fallecimiento de Hildeberto Venustiano Martínez Martínez, conocido artísticamente como el payaso Chiquilín, a la edad de 96 años. El artista, originario de San Juan Yolotepec, murió dejando tras de sí un extenso legado en la tradición de la maroma y la cultura popular indígena.

Historia y trayectoria artística en la compañía Superman

La vida artística de Martínez comenzó en 1960, cuando se integró como payaso maromero a la compañía Superman en la comunidad Ñuu Savi de su natal San Juan Yolotepec. Bajo el nombre de Chiquilín, se convirtió en un personaje icónico, admirado por su habilidad para combinar el humor con actos de destreza física.

Durante su trayectoria con la compañía Superman —la cual dio su última función en junio de 1991—, Martínez destacó en diversas disciplinas circenses tradicionales:

  • Trapecio y gimnasia.
  • Equilibrismo sobre alambre.
  • Canto de versos humorísticos.
  • Acompañamiento con bandas de viento regionales.

El arte de la maroma y su impacto en las fiestas patronales de Oaxaca y Puebla

Su presencia era el máximo atractivo en las fiestas patronales de decenas de poblaciones. La siguiente tabla resume las zonas de mayor influencia de su labor cultural:

Estado Localidades principales
Oaxaca Huajuapan de León, Santiago Chazumba, San Juan Yolotepec.
Puebla Tehuacán, San Gabriel Chilac.

El impacto de Hildeberto Venustiano Martínez fue reconocido tanto por su comunidad como por instituciones como la Unidad Regional de Culturas Populares de Huajuapan, que en 2009 coordinó un encuentro de maromeros en su honor.

Reconocimientos y el legado cultural de Hildeberto Venustiano Martínez

Más allá de sus actuaciones, su compromiso con la cultura mesoamericana lo llevó a fundar la maroma Súper Águila, integrada por habitantes de San Miguel Ixtapan, Santiago Chazumba y la Ciudad de México. Siempre agradecido con sus mentores, especialmente con Aurelio Castro “Chiquirió”, el payaso Chiquilín cumplió su propia premisa:

“Dejar su historia como un recuerdo vivo en la memoria colectiva de los pueblos que alguna vez alegró con su inconfundible traje de payaso o huácaro”.

Con su partida, la Mixteca despide no solo a un artista, sino a un guardián de una tradición que sobrevive gracias al esfuerzo de maestros como él.

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